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Cuando la cultura del esfuerzo y del trabajo es cero (el pensamiento positivo no multiplica)

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Fórmula Küppers
La fórmula del valor de las personas que defiende el celebrado conferenciante Víctor Küppers.

En otras ocasiones me he referido a la “industria de la felicidad”, que me llama no poco la atención, lo confieso. Estoy convencido de que el pensamiento positivo es muy beneficioso, sin acotaciones, y me parece fantástico que haya personas que se dediquen a sistematizar mecanismos y a crear herramientas que nos ayuden a potenciar una buena actitud para afrontar mejor cualquier empresa, comenzando con la de vivir, simplemente (y ni más ni menos).

Sin embargo, no puedo dejar de insistir en lo pernicioso del exceso. Creo que el pensamiento positivo es, en efecto, una ayuda muy valiosa para mejorar la calidad de nuestro esfuerzo y para rentabilizarlo, ya que sin negar que existen los golpes de buena suerte, creo firmemente que lo que nos toca al común de los mortales es vaciarnos para conseguir nuestros objetivos, cualesquiera que sean. Pensar que el pensamiento positivo, por sí solo, nos arreglará la vida o que nos alcanzará lo que deseamos sin que tengamos que bajarnos de la cama es una huida hacia adelante, un falso refugio que sólo nos llevará a la frustración. El triunfo sin sudor es una excepción, un episodio extraordinario, y es una tremenda irresponsabilidad hacer creer a otros que es algo corriente del mismo modo que es una peligrosa ingenuidad (y una necedad, con perdón) interiorizarlo y creerlo. Todo esto lo explica mucho mejor que un servidor Miguel Ángel Robles en el artículo “Positiva negatividad”, publicado recientemente en ABC de Sevilla y que les invito a leer. Es la suya una reflexión certera que me mueve a escribir estas líneas.

Según Víctor Küppers, el VALOR (V) de una persona (entiendo que ante un reto) es igual a multiplicar por su ACTITUD (A)  la suma de sus CONOCIMIENTOS (C) y sus HABILIDADES (H). Esto es V = (C + H) x A. ¿Y dónde está aquí el trabajo? ¿Dónde está el esfuerzo? Pues en esa A que es factor multiplicador, claro. En la ACTITUD. Y a partir de aquí me voy a permitir la licencia de aportar mi creencia, y mis disculpas al señor Küppers por la insolencia.

La ACTITUD (A), a mi parecer, sería el resultado de multiplicar el cuánto te aplicas en la tarea por el cómo lo haces. Ese cuánto sería el ESFUERZO (E) (mental, físico, de dedicación de tiempo, de sacrificio de renuncia…), y ese cómo sería la INTELIGENCIA EMOCIONAL (IE) (y la calidad anímica) del cuánto, en la que influiría de forma determinante el pensamiento positivo. Sería, pues, A = E x IE, que nos llevaría a detallar la fórmula de Küppers hasta: V = (C + H) x (E x IE). Entiendo que el ESFUERZO (E) no puede ser negativo, ya que existir o no (ser nulo), de modo que en el peor de los casos puede ser cero. Pero la INTELIGENCIA EMOCIONAL (IE) sí puede ser factor negativo.

La ACTITUD (A), entonces, sería el factor potenciador o reductor de la valía de los CONOCIMIENTOS (C) y de las HABILIDADES (H) (aquí va formación, cualificación, experiencia, técnicas, talento, pericias…) en su rendimiento básico. Así, el pensamiento positivo ayuda a que la INTELIGENCIA EMOCIONAL (IE) aporte mucho valor al ESFUERZO (E) y que la ACTITUD (A) sea, en efecto, factor potenciador de los CONOCIMIENTOS (C) y las HABILIDADES (H). Pero, ¿qué ocurrirá si el ESFUERZO (E) es cero, si te tiras en la cama a esperar que las cosas pasen? Pues que dará lo mismo que la INTELIGENCIA EMOCIONAL (IE) sea estupenda porque la ACTITUD (A) será cero, y al ser cero la ACTITUD (A), será cero el VALOR (V) (el valor de la persona para ese reto) por muy buenos que sean los CONOCIMIENTOS (C) y las HABILIDADES (H).

Como decía Robles, positiva negatividad. Pensamiento positivo sí, desde luego, pero no como mero argumento del mainstream, sino para que actúe sobre la cultura de la preparación y el esfuerzo del individuo. Sin ella, nada es posible.

(Teoría fantástica en la que cualquier parecido con la realidad podría ser mera coincidencia… o no).