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Desde Bayoun y Olivier a la revancha de Hipodamo de Mileto en el Centenario del Gran Premio de Madrid

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Bayoun en el Carudel
Bayoun y Peslier, superando a Oriental y Fayos en el Carudel. Foto: rafael Lorente

La gran estrella invitada del día del Carudel (resultados) fue el gran Olivier Peslier. El fino jockey francés vino, recogió una placa, grabó un vídeo, se subió en su Bayoun (Kouroun) y, como estaba previsto, ganó con solvencia, marcando además el récord de la pista en la distancia de 1.600 metros (paró el crono en 1’34”88, 24 centésimas menos que la marca que en junio de 2007 firmó Elizabeto (Noverre), caballo que por cierto y curiosamente entrenaba Yan Durepaire, preparador de los caballos del hoy presidente de Hipódromo de La Zarzuela, Álvaro Gutiérrez de la Fuente, y al igual que este, amigo muy cercano de Peslier). Después de hacerse innumerables fotos y de firmar todos los autógrafos que le solicitaron, el extraordinario jockey de Peintre Celebre (Nureyev), Helissio (Fairy King) o Goldikova (Anabaa) se volvió a Francia con los 30.000 euros del Carudel y un saco de aplausos, como los que cosecha Leo Messi cuando se exhibe en el campo del Betis, por ejemplo. En La Zarzuela hay una afición que es escasa en cuanto a número, por desgracia, pero tremendamente entendida y que desde luego sabe apreciar muy bien lo bueno. Siempre ha sido así, de modo que la visita de Peslier fue celebrada en las tribunas, como no podía ser de otra forma. Después de muchos años vimos de nuevo en acción a una de las grandes estrellas del turf mundial en los últimos años, a un genio de la fusta que ya es historia de este deporte por sus manos de seda y por su incomparable cálculo de las fuerzas del caballo. Y vino Peslier con un muy buen ejemplar que se exhibió con un precioso cambio de ritmo y ofreció un magnífico espectáculo. Todo un acontecimiento y un lujo.

Pero como hay de todo en la viña del Señor, también hubo quien me expresó tras la carrera, y con cierta vehemencia, su contrariedad por la victoria de Bayoun, por aquello del peligro que supuestamente tiene que los grandes premios se les escapen a los propietarios locales y subrayando que en esta temporada ya iban varios triunfos extranjeros en carreras de relevancia de nuestro programa. Por un lado, la verdad, se me hace difícil considerar “extranjeros” a Mauri Delcher y a las cuadras Miranda, Safsaf o África, pero en cualquier caso, por principios, no puedo compartir esa visión que francamente, sin desmerecer a nadie y respetando cualquier opinión, quede claro, me parece de una mediocridad preocupante. Por supuesto que nos gusta que ganen los locales, pero de la misma forma que nos gusta que los nuestros ganen cuando salen fuera. ¿Cómo no? Porque la cuestión es ganar, y hay que situarse y ser coherentes. No encajan bien estas lamentaciones con que los hipódromos hagan sus esfuerzos para dar a conocer su oferta de carreras fuera de nuestras fronteras y lograr así que vengan propietarios, profesionales y caballos del extranjero; con que a comienzos de la primavera se celebrara como un éxito que se hubieran recibido más inscripciones que otros años desde otros países para nuestros grandes premios; o con que cada año haya quien se pregunte cómo es posible que una carrera con la dotación del Gran Premio de Madrid no genere un interés mayor fuera de nuestras fronteras. No puede ser. Es decir, queremos estar en el circuito internacional, que vengan de fuera para que mejore el espectáculo y la competitividad de estas carreras, pero cuando ganan los “invasores” llegan los llantos y aparecen rápidamente lo que nuestras revistas de los años setenta y ochenta llamaban los “rompecracks”, comunes a cualquier periodo histórico de nuestras carreras, y que son aquellos que, entre otras míseras actitudes, se recrean en el pobre nivel de nuestras carreras y de nuestros caballos, como si de nuestro turf de tres hipódromos, sin juego, con cuatrocientas carreras, ochocientos caballos in training y 130 nacimientos hubiera que esperar otra cosa. Bastante nivel tenemos para los números que exhibimos, esta es la verdad.

Por otro lado tampoco parece que haya sucedido nada tan alarmante como para pensar en medidas de protección, regresivas y anacrónicas, o de tipo disuasorio para los de fuera, como penalizaciones en el peso, ya que al fin y al cabo han venido los de siempre, caballos de los españoles que suelen tener efectivos fuera (Mauri, Forde, Morgado, Hernández Font, Cocheteux  o Caro) y algún visitante exótico que prueba la experiencia. Con todo, esta primavera los de fuera han ganado tres carreras A y una B, cuando ya en 2017 ganaron hasta cuatro de nuestras A de la primavera. Y como siempre, muchos de los que han venido, algunos con valores temibles, no han figurado en las llegadas.

Bayoun
Regreso de honor de Bayoun y Peslier al recinto de ganadores por la pelouse. Foto: Rafael Lorente

Molesta, eso sí, que vengan caballos inferiores y ganen. Esto es lógico. Y lo bonito, lo que escribe historia, lo que nos saca eufóricos del hipódromo es el triunfo local sobre el extranjero a priori superior. Lo que hizo Rheffíssimo (Rheffic II) en su Copa de Oro al batir a Red Regent (Prince Regent), un timeform 123. Claro que sí. Pero si esto no pasa, simplemente hay que disfrutar de la calidad y esmerarse para tener mejores caballos. Esta es la clave. Recuperar el mercado de yearlings y ser más competitivos en todas las adquisiciones. De hecho, de 2013 a 2018 se incrementó la dotación de premios en HZ en más de un 40 % para para poner más dinero entre los profesionales, para abaratar los costes de los propietarios, para aminorar las salidas a correr al Sudoeste de Francia, para atraer a más extranjeros a nuestras carreras… y para dinamizar la inversión buscando más competitividad en la cabaña. Los Presidency (Oasis Dream), Flanders Flame (Dutch Art), Crumblecreek (Sir Prancealot) y demás son habas contadas, milagros de la gloriosa incertidumbre que entre otras cosas hacen que de los saldos pueda salir excepcionalmente algo de alto valor, pero si alguien cree que es el camino natural para tener un campeón, va listo. Y si las compras de yearlings siguen orillándose y continúa creciendo la inversión en caballos en entrenamiento baratos buscando un “patito feo”, mala cosa en general. Para poder competir con los buenos caballos que vengan al reclamo de nuestras decentes dotaciones hay que tratar de tener mejores caballos, invertir en yearlings, sobre todo, o hacer como M’Hammed Karimine y pagar lo correspondiente para traerse a España a todo un Oriental (Smart Strike) para pelear el Carudel. A partir de ahí las ayudas no discriminadoras (primas o bonos, por ejemplo) siempre serán bienvenidas. Y hay que insistir en que resulta triste escuchar propuestas regresivas, impropias del siglo XXI y de la Europa globalizada, como la de la penalización en el peso sin filtros. Entiendo que quien me lo decía tras el Carudel a cuento de Bayoun sabía, aunque no estoy muy seguro, que el tordo no ha ganado un Listed en su vida, que castigarle por méritos era prácticamente imposible y que, por lo tanto, solo se le podría penalizar por el mero hecho de ser de fuera. Parecería más xenofobia que proteccionismo.

De Bayoun a Hipodamo de Mileto

Desde el Carudel, con ese debate añadido y después de una larga jornada en sábado tarde en la que pasaron otras muchas cosas (como el copo de nacionales en la carrera de dos años, por primera vez pleno de Bonos Made in Spain), llegamos al Gran Premio de Madrid, mi carrera preferida, aunque de un tiempo a esta parte no corran los tres años (38 clásicos se lo han apuntado, los últimos Baldoria (Inthe Wings) y Premier Galop (Septieme Ciel) en 2006 y 2007) y con ello se le esté dando la razón con ello a Enrique Sarasola, que tristemente borró la carrera del mapa para crear ese Gran Premio Romanones que era lo mismo pero para cuatro años en adelante. Era la edición número 83 de la magna prueba, que cumplía sin embargo cien años desde que se disputó por primera vez con este nombre y con las características conocidas. Trece candidatos al triunfo, visita de otro de los habituales, Antonio Caro, en este caso con Almorox (Rip Van Winkle), y con uno de esos artistas invitados que de vez en cuando nos sorprenden, en este caso Andrew Balding con Genetics (Manduro). La brillante reaparición de Zascandil (Motivator) en el Rheffíssimo, el carrerón de Atty Persse (Frankel) en ese mismo premio y la vuelta al triunfo de Tuvalu (Schirocco) en el Corpa, amén de otros detalles (el ascenso continuado de Putumayo (Myboycharlie), por ejemplo) eran hechos concretos que sumaron atractivos inesperados a la gran carrera. Otro factor ajeno a la competición acaparó en la previa las opiniones en las tertulias: el calor. Es frecuente que las jornadas del Carudel o del Gran Premio de Madrid transcurran en unas condiciones hasta sofocantes, pero en este caso la previsión de una ola de calor especialmente dura obligó a tomar medidas excepcionales (se retrasó el horario, se colocaron ventiladores nebulizadores en el paddock y mucha agua en la recepción de los caballos), aunque finalmente, y desconociendo si el calor mermó a algún caballo o algún jockey, que no sería raro, la jornada se desarrolló con normalidad e incluso podría decirse que hemos conocido días de carreras tan duros o más en los años precedentes, como el del Carudel del año pasado, sin ir más lejos, ya que las temperaturas fueron muy parecidas a las del pasado domingo y, además, al celebrarse aquella reunión por la mañana el efecto del sol frente a las tribunas aumentaba la sensación térmica.

Al final, como en el Carudel, ganó el mejor. No hubo el paso que se esperaba porque Genetics salió en punta pero tranquilo, sin que le molestaran, y Atty Persse trató de guardar para el final las fuerzas que le faltaron en los últimos metros del Rheffíssimo. Con esto, Clement Cadel, con el recuerdo de la edición anterior, en la que un encontronazo con su pacemaker en plena recta le costó la carrera, arrancó por fuera a la salida de la curva y al pisar el derecho atacó con decisión, mostrándose ciertamente superior al lote porque lo mantuvo a raya sin grandes complicaciones en toda la recta, aunque en un momento determinado pareció que Zascandil, que definitivamente ha regresado a la competición en el nivel que ya nos había marcado antes de su lesión, podría acercarse algo más de lo que finalmente lo hizo. El guante para la Copa de Oro, no obstante, ya está lanzado. El 15 de agosto, en otras circunstancias, podríamos ver otro episodio de este duelo y ya estamos deseando disfrutarlo.

Hipodamo de Mileto, estabulado en España, propiedad de cuadra nacional y que defiende los colores de su criador, es un magnífico caballo que luce en su historial Veil Picard, Javier Piñar-Hafner, Villamejor, Corpa, Gran Premio de Madrid, Gran Premio de San Sebastián, Memorial y Gladiateur. Solo le falta la Copa de Oro, en la que fue segundo en 2018, como lo fue en el Villapadierna-Derby de 2017. Es un historial de los antiguos, de los maravillosos que tanto nos encantan y que habla por sí solo del trabajo impresionante que ha realizado con él todo este tiempo su entrenador, el sanluqueño José Calderón. No hay mejor forma de reivindicarse.

Hipodamo GPM
Y el regreso triunfante de Hipodamo de Mileto por la pelouse tras ganar el GPM.

Aunque no fuera un Gran Premio rápido, sí fue muy bonito y su desenlace desató la emoción en el hipódromo porque caballos como Hipodamo (y otros, como Zascandil) despiertan muchas simpatías. Fue el momento cumbre de una jornada larga, con ocho carreras, un Martorell que no pareció muy especial, en el que Rosy Moon (Alex the Winner) impuso la experiencia, y un Baldoria estupendo en el que Dieulefit (Oasis Dream) continuó con su escalada de valor (a nosotros ya nos marca un nivel muy respetable) y dominó a las tres años de Bering, Udalla (Dream Ahead) y Bielva (Charm Spirit), que siguen creciendo. (Resultados).

Pasamos calor, es cierto, pero la jornada fue intensa y fue la culminación de un previo muy largo en el que todo el equipo de Hipódromo de La Zarzuela trabajó mucho y bien para honrar las grandes carreras que coronan su primavera y muy especialmente el Gran Premio, con dos cenas, un libro conmemorativo, una promoción estupenda en redes sociales y sobre todo una organización impecable (hasta se consiguió que el nuevo alcalde de la capital, José Luis Martínez Almeida, acudiera al hipódromo, ¡albricias!) de unas jornadas maratonianas y muy complicadas de llevar por las que hay que aplaudir a todo el personal de la orgánica y muy especialmente a Álvaro Urbano como líder del grupo. Quizá, por otro lado, estos tres sábados no han funcionado a nivel de público como hubiera sido deseable (aunque a la hora del GPM el hipódromo presentaba un aspecto estupendo en este sentido) y las dudas sobre la oferta de tarde permanecen. Quien esto firma prefiere este horario cuando el tiempo ya lo permite, pero las posibilidades de ocio son diferentes, parece que los hábitos de la gente han cambiado definitivamente y el horario vespertino no arrastra como antaño.

Entrega de trofeo GPM 2019
El alcalde de Madrid, Martínez Almeida, entregó el trofeo del GPM a Enrique Beca, José Calderón y Clement Cadel.

También la participación en las carreras ha estado por debajo de lo esperado, y sobre todo de lo conveniente. En realidad ha sido la tónica de esta temporada de primavera, que ha sido preciosa pero en la que han corrido prácticamente los mismos caballos que el año pasado (en número) aunque en más carreras, arrojando una media de 9,63 partants por carrera (10,07 en 2018) –con un alto 3,56 % de retirados–, que es la segunda más baja de la primavera en la última década (9,51 en 2014). Y es un dato que sorprende sobre todo porque este año están corriendo más caballos, concretamente lo han hecho 588 en España por 553 hasta la misma fecha el año pasado (aumento del 6,32 % en corredores en todo el país por un 4,36 % de descenso en la media de partants por carrera en HZ).

En cualquier caso ya habrá tiempo de revisar y analizar números, porque el circuito no para y ya llegan las nocturnas de Madrid y la temporada fuerte de San Sebastián. Seguimos.