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HAPPY WEEKEND. De Camelot y el fin de semana de Epsom a Axioco y otro Villapadierna nacional

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Todo es hermoso en Camelot (Montjeu). Lo es su nombre, lo es su palmarés como corredor, lo es su físico, lo es su origen, lo es cómo marca a su producción… Es un caballo que enamora y que a la espera de su definitiva ubicación en el escalafón de los sementales en Europa aún sigue siendo asequible para la franja alta del limitado mercado español, siempre que no se mire a sus más selectos especímenes, claro.

Camelot
Camelot. Foto: Coolmore.

Camelot es, seguramente, la última posibilidad de encontrar la continuidad deseada para la línea de su padre, el inmortal Montjeu (Saddler’s Wells), uno de los caballos de carreras más especiales que ha habido en Europa en los últimos cuarenta años. En Montjeu se encarnaba perfectamente ese concepto tan difícil e intangible que es el de la clase, cuya definición con palabras siempre resulta incompleta pero que se expresa de manera inconfundible en la forma que tienen algunos pura sangres de desenvolverse como atletas. Porque, en el fondo, la clase no es más que la expresión natural y elegante del preciado don de la calidad como atleta y competidor de un caballo, o de una yegua. Es una virtud innata que hace que ese pura sangre haga con aparente facilidad y naturalidad, que no sin esfuerzo, lo que a la gran mayoría de los de su especie les resulta tan extremo, e incluso imposible. Montjeu fue un caballo único, diferente a todos. Era hermoso, rezumaba calidad, se movía con una expresión superior y tenía una caja de cambios perfecta y dos velocidades más que el resto de los caballos de carreras high level. En sus mejores momentos aparentaba correr y ganar sin tener que trabajar mucho. Cuando sus rivales lo estaban dando todo y reflejaban el dramatismo de la máxima entrega, él parecía planear silenciosamente sobre la pista, como si le llevara el viento, y de pronto se desentendía de lo que pasaba a su alrededor y velozmente se adelantaba a la meta, displicente y sin hacer concesión alguna a la épica, que no era lo suyo a pesar de aquel inolvidable cuerpo a cuerpo con El Condor Pasa (Kingmambo). Tampoco era su fuerte la generosidad. Montjeu era un caballo de difícil trato, antipático y rácano. Un auténtico superdotado que parecía renegar de una competición que encontraba mediocre y no le motivaba. Su entrenamiento, según dicen, era muy complejo, y cuentan que para la construcción del mito fue clave la paciencia de un entrenador como John Hammond, que pudo prestarle la atención necesaria y dedicarle el tiempo que hacía falta, que no tenía una cuadra de estrellas que le permitiera condenar al ostracismo al que no quería correr ni doblegarse a la disciplina y que pudo llegar a entenderle para darle el training justo, que no le aburriera ni le causara estrés.

Montjeu murió relativamente pronto, con 16 años (en 2012), pero le dio tiempo a ser tan importante en la yeguada como lo había sido en las pistas. Pudo dar cuatro ganadores del Derby de Epsom, por ejemplo, pero sobre todo pudo ser él mismo, porque Montjeu fue como padre tan bueno pero también tan especial como lo había sido en su etapa como corredor. Transmitió su calidad, su clase, su belleza (hasta el extremo), su cambio de ritmo, su stamina… y también su poco gusto por el esfuerzo y la disciplina. Y es verdad que, en general, sus hijos fueron sensiblemente mejores en la competición que sus hijas, pero muchas de estas se han revelado después como magníficas reproductoras. A Dash to the Top, ganadora de Listed y colocada de Gr 1, hubo que retirarla del entrenamiento por su mala actitud, sobre todo en los cajones de salida, pero en la yeguada, emparentada con el portentoso Frankel (Galileo), ha producido a Anapurna, la última ganadora del Epsom Oaks. Y ganadora, paradójicamente, por casta, corazón y coraje.

Montjeu y Hurricane Run
Parecido asombroso: arriba, Montjeu; abajo, Hurricane Run.

Es la genética, oiga. Igual que sus hijas son ahora muy cotizadas como madres después de haber resultado menos competitivas en las pistas, sus hijos, estupendos corredores, no han terminado de estar a la altura que se esperaba. Montjeu no produjo un caballo de carreras mejor que él, y ni siquiera tan bueno como él, a pesar de tener una pléyade de competidores de primer nivel y laureados en Gr 1. Y del mismo modo, tampoco sus hijos, ya en el rol de reproductores, se han acercado a su calidad como sire. Pocas veces he visto un parecido tan exagerado entre padre e hijo como lo había en todo (físico, actitud, trayectoria) entre Hurricane Run y Montjeu, pero al llegar al haras, Hurricane Run no fue como su progenitor, aunque produjo ganadores de Gr 1, entre ellos Ectot, actualmente semental en Francia que ya veremos cómo funciona. Por parecerse se pareció a su padre hasta para morirse joven (con catorce años este), pero con un canon de cubrición de 12.000 €, y en Alemania. Motivator, el primer Derby winner de Montjeu, ha conseguido pasar a la historia por ser el padre de la fabulosa Treve (como Zamindar por Zarkava), pero solo tiene otro ganador de Gr 1 (también hembra) y hoy ejerce a solo 7.000 € en Francia. Authorized, el segundo hijo de Montjeu que ganó en Epsom, también está perfectamente testado ya en la yeguada, tiene cinco ganadores de la máxima categoría y cubre, igualmente en Francia, a 12.000 €. Pour Moi fue la siguiente esperanza, pero a pesar de producir al único nieto paterno de Montjeu que ha ganado el Derby, en este caso Wings of Eagles, se reveló pronto como un semental mediocre y fue inmediatamente destinado a la disciplina de obstáculos por Coolmore, que por cierto, después de ceder al propio Wings of Eagles al Haras de Montaigu francés para su primera temporada de monta, lo ha recuperado este año, en su segunda campaña de yeguada… para destinarlo directamente a su división de national hunt, dada la poca fe de los criadores de liso en él. Y luego viene Camelot

Camelot fue el cuarto y último ganador de Montjeu en Epsom. Lo hizo en 2012, el año de la muerte de su padre, y siendo muy superior. Había ganado en su debut a dos años y a la siguiente salida, tres meses después, ya se apuntó un Gr 1 (el Racing Post Trophy). A tres años reapareció con ajustada victoria en las 2.000 Guineas, se impuso fácilmente en el Derby y después en el Irish Derby. Tan superior era que Aidan O’Brien fue con él a por la otrora prestigiosa Triple Corona, que nadie gana desde que lo hizo Nijinsky (Northern Dancer) en 1970, y afrontó en septiembre el St. Leger de Doncaster, en el que perdió por primera vez. Fue batido por menos de un cuerpo por Encke (Kingmambo), uno de los caballos de Godolphin que más tarde dieron positivo en los boxes de Mahmood Al Zarooni. Después fracasó en el Arco que ganó Solemia (Poliglote) y a cuatro años, después de una reaparición ganadora y esperanzadora en un Gr 3 en Irlanda, fue segundo en la Tattersalls Gold Cup en The Curragh y cuarto en el Prince of Wales’s, en Royal Ascot, dos “pinchazos” tras los cuales se fue directamente a la yeguada.

Hoy tienen dos años los componentes de su tercera potrada. Hasta la fecha han salido a la pista 208 de los 444 hijos que tiene en edad de correr y lo que ya está más que comprobado es que, en general, Camelot marca mucho a su descendencia en el físico. Hablamos de caballos en su mayoría guapos, distinguidos de formas, que exhiben buena acción, están bien balanceados y se desplazan con aparente facilidad y coordinación. Estadísticamente han mejorado de una forma apreciable la producción anterior de sus madres, teniendo en cuenta que los primeros books de Camelot no fueron malos pero tampoco deslumbrantes. Por otro lado, hay que reconocer que sus porcentajes de corredores, de ganadores y de vencedores de stakes son discretos y que es frecuente que sus productos, machos y hembras, parezcan al principio ser más de lo que luego terminan siendo. En 2018 ganaron tres carreras de Gr 1: Latrobe se hizo con el Irish Derby, Athena con el Belmont Invitational Oaks y Wonderment (dos años) con el Criterium de Saint-Cloud. Estas victorias, y otros detalles, mantuvieron la cotización en subastas de los potros de Camelot y la cotización de su cubrición (40.000 € en 2019), a la espera de una confirmación este año que parecía muy probable. Lo que ha ocurrido hasta hoy es que los citados Latrobe y Athena no han podido ganar después de aquellos triunfos comentados del año pasado en Gr 1 y que Wonderment reapareció hace tres semanas en una Clase 1 en París en la que no pudo ser más que cuarta. Y así se llegó al primer fin de semana de junio.

Pink Dogwood compareció como favorita en el Epsom Oaks después de ganar un Listed en Navan en su reaparición. A dos años ganó un par de maidens y un quinto en el Marcel Boussac (Gr 1) completaba su hoja de servicios. A la hora de la verdad, Pink Dogwood aceleró por el exterior de la recta final de la clásica por excelencia de Epsom, pasó a sus rivales con cierta autoridad y se puso a ganar a un furlong de la meta después de superar a Anapurna, pero esta y, sobre todo, Dettori no se resignaron a ser plata y plantaron cara a la favorita cuando parecía una osadía. De esa batalla resultaron ganadores y salió perdedora la hija de Camelot, que en la lucha cabeza con cabeza no se sintió tan cómoda. Hace un par de años un estudio realizado en Inglaterra concluyó que en un porcentaje abrumador de llegadas cerradas, los hijos de Galileo se llevaban el gato al agua, algo que parece que sigue ocurriendo con los nietos. Y es que aquí es donde el otro gran hijo de Sadler’s Wells se ha diferenciado de su medio hermano Montjeu. Porque la estirpe de Galileo se caracteriza por la competitividad y la fortaleza mental, de modo que para compararlos podríamos establecer un símil y decir que Galileo recuerda en cosas a Rafa Nadal como Montjeu a Roger Federer.

Al día siguiente del Oaks, en el Epsom Derby aparecía otro vástago de Camelot como gran favorito, Sir Dragonet, un potro muy nuevo que debutó ganando cómodamente en abril, en Tipperary, y que tuvo que ser reenganchado en el Derby tras una preparatoria absolutamente descomunal en Chester. Sir Dragonet pasó de no ser en principio una baza real de Coolmore para la cita de Epsom (no estaba inscrito), a ser la primera opción, ya que contaría con la monta principal de O’Brien, la de Ryan Moore. ¿Cómo no iba a ser el favorito? Lo que ocurrió ya es historia conocida. Sir Dragonet se puso en marcha quizá un poco pronto pero con pinta de poder ganar. Sin embargo, en ese punto, como le ocurrió a Pink Dogwood el día anterior, no mató la carrera, no redondeó su actuación, no sentenció a sus rivales sino que se atascó en la lucha con ellos, que, atención, eran dos hijos de Galileo (Anthony Van Dyck y Japan), un nieto paterno de Galileo (Broome, por Australia) y un bisnieto de Galileo (Madhmoon, por Dawn Approach, por New Approach). ¿Y qué ocurrió? Que todos ellos le superaron en la meta y Sir Dragonet terminó siendo quinto. Ganó Anthony Van Dyck con una bonita aceleración, tirándose a la cuerda y resolviendo una preciosa llegada que si no fue el desenlace de una prueba de altísimo nivel, que parece que así se ha considerado mayoritariamente, sí que fue emocionante e inolvidable por la lucha cerrada de cinco ejemplares muy parejos y de los que cualquiera de ellos podría ganar en el futuro alguna carrera principal sin que a nadie pudiera extrañarle.

Como no hay dos sin tres, un día más tarde se corría en La Zarzuela el Villapadierna, el modesto Derby español, donde a última hora surgió un favorito con la llegada de Pedro Cara (Pedro the Great), quinto en muy buena performance del Prix de L’Avre (L) y representante de la ecurie de Mauricio Delcher, lo cual es sello de máxima garantía. Entre los locales parecía a priori que la gran baza era la de Liberri, un hijo de Camelot que a dos años fue segundo en un su debut en una pista exageradamente embarrada y pesada, y que había reaparecido a tres de una forma impecable, mostrando planta, relajación, control, paso y aceleración, ganando a medio gas, sin tocar y por todos los cuerpos que le dio la gana. También contaba el nacional Axioco (Pyrus), con una campaña ejemplar (tres de tres, cómodamente y en progreso, incluyendo el Velayos), pero lo cierto es que el valor 46 asignado por los handicappers de France Galop a Pedro Cara obligaban a pensar que la carrera pasaba por él. Por cierto que también corría otro Camelot, en este caso Quilombo, aparentemente inferior, y ningún representante de Galileo, claro.

Lo primero que se vio en el previo de la carrera es que Liberri no tenía absolutamente nada que ver con el caballo que se exhibió en su anterior. Con mala actitud en el paddock, rompió a sudar, se negó a salir a la pista cuando la vio (se dio media vuelta y subió hacia el paddock tratando de huir del esfuerzo) y, finalmente, después de ofrecer resistencia para entrar en los cajones, salió muy ardiente y tirando visiblemente por más de un kilómetro. Cuando pisó la recta y se enderezó, Janacek le pidió un primer esfuerzo para acelerar pero el caballo ya no tenía absolutamente nada dentro y fue el primero en retirar su candidatura para el trono de la generación, a cuatrocientos metros de la meta. El tercer Camelot del fin de semana tampoco ganaría.

Al instante, Pedro Cara empezó a progresar con aire ganador y por el interior Axioco se fue con él. Daba la sensación de que el de Mauri llevaba más gas y se impondría, aunque empezaba vencerse a la izquierda como buscando a su rival, pero el del Duque no solo no cedía, sino que iba a más. En estas, José Luis Martínez se vio obligado a usar la fusta y Pedro Cara terminó de tirarse sin control hacia el interior, obstaculizando la progresión de su adversario, que obviamente no estaba batido en ese momento, e incluso poniendo a Jaime Gelabert en una situación muy comprometida y hasta peligrosa, ya que estuvo a punto de irse contra los palos. Estaban tan cerca de la llegada que a Martínez ni le dio tiempo de cambiar el látigo de mano (entonces sí que habría perdido casi con toda seguridad), y Pedro Cara pasó por la meta en primera posición con una ligera ventaja sobre Axioco. El distanciamiento, sin embargo, estaba cantado. Inmediatamente los comisarios hicieron sonar la sirena e izaron la bandera roja para anunciar la investigación de oficio, y al momento comunicaron la reclamación de Gelabert. En tales circunstancias, por supuesto, la puerta de ganadores no podía abrirse, y ni siquiera debería haberse puesto la manta de honor a Pedro Cara ni hacer sonar por la megafonía la música de los campeones. La gestualidad de Martínez en esos momento lo decía todo, y se adivinaba que “Magic” daba por hecho que sería distanciado. Es imposible saber qué habría ocurrido si ambos caballos hubieran podido dar el máximo hasta la meta, en lucha limpia, pero es evidente que tanto Axioco como Pedro Cara podían haber ganado y que el de Miranda paró en seco en el head to head al del Duque y, por lo tanto, lo único sorprendente del distanciamiento, a nuestro juicio, fue que tardara tanto tiempo en anunciarse oficialmente. En ese lapso, por cierto, la repetición de la recta final en la pantalla gigante, que también tardó en ofrecerse, despertó un clamor en las tribunas cuando llegó al punto de la fricción, y nuevamente en la toma frontal, y otra vez en la aérea. Tan pronto comentamos que la temporada estaba resultando tranquila y transcurría sin incidentes, sucedió esto en el Villapadierna. Aunque el asunto era cristalino y por ello no ha habido polémica.

Derby 1

Derby 2

Derby 3

Derby 4
Secuencia de la lucha en los últimos metros y el movimiento de Pedro Cara. Fotos de Rafael Lorente.

Axioco es producto nacional, otro Pyrus (Mr Prospector), como el gran Arkaitz, muy guapo, con facultades, aceleración, stamina y, como se vio, noble y muy duro luchador, lo cual hay que remarcar porque su madre, la estupenda pero complicada Aspasia de Mileto, es hija precisamente de Hurricane Run, aquel primer gran hijo de Montjeu. Y es formidable tenerlo entre nosotros porque Aspasia tardó años en quedarse preñada en el extranjero, siendo cubierta por sementales importantes, y la fe y la paciencia del Duque de Alburquerque ha tenido una inmejorable recompensa. Parece un caballo con margen de mejora todavía y con todas las cartas que ya ha mostrado es bastante razonable pensar que va a estar en las llegadas de nuestros grandes premios por mucho tiempo. No en vano se fajó con un potro que, más allá del valor 46 oficial que traía, venía de ganar un par de carreras decentes en Francia, mostrando un perfil muy interesante, antes de causar una notable sensación en una de las principales preparatorias del Grand Prix de Paris. La carrera de Pedro Cara, en fin, tiene un mérito enorme porque hay que valorar siempre el viaje desde París a Madrid, el brusco cambio de clima y de temperatura, y también el de pista, no solo por ser desconocida, sino por estar tan rápida como probablemente no la haya catado antes. Su visita le dio lustre y espectáculo al Villapadierna de este año y si bien siempre es una pena que una carrera de este nivel se resuelva en el cuarto de comisarios, a veces las cosas vienen así. Cualquiera de los dos habría sido un digno ganador del Derby español y ahora lo que hace falta es que ambos confirmen en sus próximos compromisos que son tan buenos como creemos y que cuando pase el tiempo podamos recordar esta carrera por la categoría de los potros que la pelearon más que por el distanciamiento. Pensábamos que Einar (George Vancouver) dio al ganar el Cimera un valor más alto que el que traía de Francia, pero al volver a correr en el país vecino, una Quinté, nos decepcionó completamente, confirmando el rating galo. Esperemos que con Axioco y Pedro Cara la buena consideración sea acertada.

Argüero en Lasarte 5 6 2019
Argüero ganó fácilmente en su reaparición en 2019, en Lasarte. Foto: Rafael Lorente.

Superado este episodio de la temporada, y después del estreno con lluvia de la temporada de verano en el hipódromo de San Sebastián, con un reencuentro inesperado con el mejor Argüero (Diktat), ganador del Carudel de 2018, toca ahora la última jornada dominical en Madrid hasta septiembre, pues la próxima y las dos que cerrarán la primavera en HZ se celebrarán los sábados 15, 22 y 29, por la tarde. Es la hora del Premio Rheffíssimo, donde veremos a varios de los viejos que optan al Gran Premio de Madrid, entre ellos a dos hijos del anteriormente citado Motivator, en este caso Zascandil, ganador de la última edición del GPM y que no corre desde aquel triunfo, y Tregua, que reaparece después de su triunfo en el Villamejor, hace seis meses y medio. Con ellos, Karlsburg (Sageburg) para saber si hace los metros, la muy fiable Crumblecreek (Sir Prancealot) y dos novedades en el verde de HZ, Armorial (Maxios) y Atty Persse (Frankel), ejemplares que en el caso de ofrecer los valores que dieron en sus carreras en Francia, el primero, y en Inglaterra, el segundo, serían temibles en esta compañía. Una carrera, nuevamente, muy atractiva…

Próxima jornada 9 6 2019